CORRESPONDENCIA INEDITA ENTRE
LOUIS CLAUDE DE SAINT-MARTIN Y JEAN BAPTISTE WILLERMOZ
CARTA
2 DE 50
Comr Or
Calle Santa Cruz, cerca de Monnroie.
Aunque yo no sea conocido de usted, a
menudo he recibido señas de su amistad por el hermano de Grainville mi antiguo
camarada, a los que he sido muy sensible, digo mi antiguo camarada pues acabo,
desde hace poco, abandonar el servicio a fin de poder seguir mejor la carrera
que usted corre.
En N. D. G. A. D. L. Amén
Alegría, paz, salud y bendición a aquél que me
escucha. Amén.
Del Oriente de Bordeaux el año M.
3.3.3. del mundo 45, del renacimiento de las virtudes 2448, de la era hebraica
5731, del cap. 5. Vulg. 1771. 25 de marzo del citado año.
M.
P. Mtro.
(Muy
Poderoso Maestro)
Yo
no puedo ni condenar ni remediar las quejas repandidas en su carta del 15 de
marzo sobre los decaimientos que debe experimentar su Oriente. Yo me pongo en
el lugar de todos los hermanos que lo componen y su situación me parece tanto
menos extranjera que estando en la fuente de la luz resiento algunas veces más
rigurosas. Yo le exhorto y a usted también Muy Querido Hermano a no mirar ese
tiempo como perdido completamente. Es mucho mejor avanzar que sufrir; no hay
tribulaciones cuya justicia no nos toma en cuenta si somos bastante firmes para
penetrar hasta este germen de bien que todas ellas envuelven.
Sin
embargo, como yo quisiera que fuera en mí poder endulzar su tarea, yo le envío
la dirección del Maestro en Paris. El se hospeda en los Grandes Agustinos.
Puerta del Valle o en un hotel vecino cuyo nombre ignoro porque nosotros le
dirigimos todas nuestras cartas al Padre Fournié Agustín quién se las hace
llegar. Yo deseo de todo mi corazón que usted logre de él aclaraciones
satisfactorias sobre todo lo que usted pide tanto para vuestra instrucción
particular como para el avance de vuestros hijos y yo creo que, en efecto, una
conversación con él le será más ventajosa que lo que yo podría ser una larga
correspondencia. Si usted pudiera partir para Paris antes del 15 usted estaría
más seguro de encontrar allí al Maestro pues los asuntos que allí lo retienen
toman un vuelco favorable y quizás lo volvamos a ver más pronto de lo que
hayamos pensado; por otra parte será darle a usted mismo más tiempo para
avanzar vuestros asuntos a un lado. Creo muy inútil que usted le escriba antes
de su partida.
En
cuanto a la confianza que usted digna testimoniarse sin escrúpulos nuestro
pensamiento sobre nuestras ceremonias, no me correspondería visto vuestra
dignidad de hacer a ello ninguna observación y ante mi juicio yo debería más
bien escuchar y callarme. Sin embargo, las disposiciones puras que usted parece
aportar a la sabiduría me hacen presumir que usted me perdonará por adelantado
si yo oso unir algunas ideas a las vuestras. Yo no trato como usted más que
aclararme, me gusta como a usted hacer conocer a aquellos que creo susceptibles
de mi confianza lo que ocurre en mí, yo le pregunto, como se lo pregunto a
usted mismo, de corregirme si me desoriento, es con la sinceridad de las
circunstancias que me tomo la libertad de extenderme sobre el punto en
cuestión. Usted tiene razón de creer que
nuestra suerte depende de nuestras disposiciones naturales, tiene razón
aún en creer que el grado de R. + da al iniciado un carácter y nada es más
cierto que el perfecto acuerdo de estas dos cosas no deben tener un efecto real,
que se aumenta, sin dudas, con el tiempo por las instrucciones y por los
cuidados que cada uno puede aportar a ello.
Lo que le atormenta y le inquieta es que este efecto no hay aún sido
sensible para usted, lo que hace que vuestra persuasión no se sostiene aún sino
por la esperanza, sin que la convicción otorgue algún apoyo. ¿Cómo
tranquilizarse sin convencerle? ¿Cómo calmarle sin golpear vuestros ojos? Le
confieso que la empresa me parece lamentable. No encontraré fuerzas sino en mi
propia convicción. Creo M. P. M. que aún cuando creamos en las mejores
disposiciones que cuando todas las ceremonias son empleadas con más
regularidad, la cosa puede aún guardar su velo para nosotros tanto como le
agrada, ella se encuentra tampoco a la disposición del Or. que no puede nunca a
pesar de todos sus esfuerzos estar seguro de obtenerlo. El debe siempre
esperar, siempre rogar, he aquí nuestra condición. El espíritu sopla donde él
quiere, cuando quiere, sin que sepamos de donde viene ni adónde va. Usted
habría entonces tomado una idea contraria si usted hubiese pensado que las
ordenaciones y las ceremonias tuviesen un efecto tan infalible y tan rápido que
como aquél de las leyes de la naturaleza corporal; en este todo es pasivo en el
otro todo es libre ya que todo depende de los favores del espíritu. Sin embargo
la convicción que ha bien querido hacer con el Or., como lo he dicho, un poder
que no se puede negar cuando incluso no se lo sentiría.
Si
este poder no se manifiesta en con tiempo, es en otro; y además si él no opera
visiblemente por la visión, él opera obstante, infaliblemente como preservativo
y prepara la forma de aquel que se mantiene pero en recibir impresiones
salutarias, cuando el espíritu lo juzga a propósito. No atribuya entonces, se
lo ruego, la escases en que usted se encuentra ni a la falta de disposición de
su parte, ni a la invalidez de las ceremonias hasta que usted sepa
perfectamente que el hombre no puede nada, absolutamente nada. Cumpla siempre
todos nuestros esfuerzos en perseverar en la confianza, usted tiene más mérito
que todo otro ya que usted cree a ciegas, pero estará más que recompensado. Si
no fuera vuestro hermano, mi testimonio podría hacerlo sospechar, pero creo
debe exponerme incluso a vuestras sospechas para afirmar aún nuestra fe y para
probarle que el espíritu es absolutamente el Maestro. He sido persuadido de la
cosa antes de haber tenido los más poderosos de nuestras ordenaciones y yo
advierto que estas convicciones se perpetúan y se aumentan en proporción de mi
celo y de mi entereza, sin que tenga aún la felicidad de ser vestido del
carácter sagrado que usted lleva.
He
aquí muchas palabras, Muy Querido Maestro, que no le dará mi duda toda la
tranquilidad que yo desearía. Si yo no lo quisiera tanto fe y coraje, reiteraría
mis exhortaciones de mantenerle en el amor de la sabiduría y de la verdad;
usted sabe que encontrará allí al menos una paz interior que debe seguramente
al final hacerle obtener grandes felicidades. Puedo por otra parte
comprometerle en observar muy exactamente todo lo que le rodea y lo que golpea
vuestros sentidos de la vista y del oído, con la atención usted no se
encontraría quizás tan abandonado. No somos a menudo sordos y ciegos tanto como
para creernos serlo.
Lo
saludo M. P. M., por todos los nombres que le son conocidos y ruego al Eterno
que le cuide continuamente.
De
Saint Martin
NOTAS:
1.- En esta segunda carta, Saint-Martin reconoce
que aún no conoce en forma personal a Willermoz; pero claro, solo han
pasado 21 días desde el intercambio de correspondencias anterior, o sea, desde
la carta N° 1.
2.- Saint-Martin reconoce que ha dejado el
Regimiento de Foix hace poco tiempo (hace unos 10 o 15 días calculamos) para
dedicarse por completo a la obra de ser el secretario de Pasqually. No es
difícil imaginar su decisión, ya que en ese tiempo, cualquier actividad de
secretario y copista de rituales, catecismos e instrucciones, sumado a la obra
de Pasqually, requiere de mucho tiempo y dedicación exclusiva. Esto requiere de
un sueldo, el que se reconoce en la carta N° 1.
3.- Willermoz reconoce que en su oriente las cosas
no andan del todo bien al interior del Templo cohen en el que participa.
Saint-Martin anima a Willermoz señalándole que no se desanime, pues el tiempo
transcurrido en su esfuerzo, en justicia no se pierde.
4.- La mejor recomendación para Willermoz, es que
se comunique directamente con el Maestro, para lo cual le consigna la dirección
en la cual está hospedado Pasqually. Saint-Martin desea e insta que tenga un
encuentro personal con el Maestro y se le den las aclaraciones sobre las dudas
en cuanto al manejo de la instrucción para con los hermanos (que llama sus
hijos), como para su conocimiento particular. Le sugiere partir
a París antes del 15 de abril.
5.- Producto de la explicación anterior, nos aclara
que el Abate Fournié, aún después de haber dejado su trabajo de secretario del
Maestro, igualmente sigue cumpliendo funciones de enlace en la Orden.
6.- A estas alturas Willermoz,se encuentra muy
desilusionado, pues el ejercicio de las ceremonias cohens no le están dando el
resultado esperado. Saint-Martin prefiere guardar silencio sobre esto, porque
es al Maestro a quien corresponde darle las sugerencias e instrucciones.
Willermoz se está preguntando si en realidad cuenta con las condiciones
naturales para trabajar en el sistema y grado en el cual se encuentra. Aquí se
establece una gran verdad: “el grado de R + da al iniciado un carácter”, cosa
que en nuestros días está casi perdido.
Al parecer, Saint-Martin si tiene las condiciones
necesarias para el ceremonial que aflige a Willermoz, ya que se dispone a dar
opinión sobre el mismo, a tal punto que le señala: “vuestra persuasión no se
sostiene aún sino por la esperanza”; esto quiere decir que aún no logrando los
resultados esperados por el ejercicio de los ceremoniales, la esperanza sobre
ellos le permiten esperar en el futuro, un cambio en los resultados. Sin
embargo, se entre lee, que si lo invocado no decide abrir su “velo”, no lo
hará; hay que “esperar”, hay que “rogar”.
Aquí se le recuerdan a Willermoz las palabras
bíblicas: “ El espíritu sopla donde él quiere”, del evangelio de San Juan:
San Juan
capitulo 3
1 Había
entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
2
Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has
venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú
realizas si Dios no está con él.»
3 Jesús
le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no
puede ver el Reino de Dios.»
4 Dícele
Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez
en el seno de su madre y nacer?»
5 Respondió
Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no
puede entrar en el Reino de Dios.
6 Lo
nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.
7 No te
asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
8 El
viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a
dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»
9 Respondió
Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
10 Jesús
le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?
11 «En
verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos
testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.
12 Si al
deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del
cielo?
13 Nadie
ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14 Y como
Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo
del hombre,
15 para
que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16 Porque
tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en
él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque
Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el
mundo se salve por él.
18 El que cree
en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha
creído en el
Nombre del Hijo único de Dios.
19 Y el
juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque
sus obras eran malas.
20 Pues
todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean
censuradas sus obras.
21 Pero el
que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras
están hechas según Dios.»
Saint-Martin, nuevamente
lo conmina a que tenga paciencia, pues si no se manifiesta en un determinado
tiempo, se manifiesta en otro. Y le reconoce algo importante: “usted tiene más
mérito que todo otro, ya que usted cree a ciegas”.
7.- Es muy posible que Willermoz
estuviera consagrado en el grado de G. R. o sea, un grado por encima de
Saint-Martin, pues este dice: “sin que tenga aún la felicidad de ser vestido
del carácter sagrado que usted lleva”. Sin embargo, Saint-Martin está logrando
resultados de las iniciaciones y consagraciones recibidas, pues recomienda
finalmente a Willermoz atender a los conceptos de fe, coraje, amor, sabiduría y
verdad; resultado: paz interior y grandes felicidades.
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CORRESPONDENCIA INEDITA ENTRE
LOUIS CLAUDE DE SAINT-MARTIN Y JEAN BAPTISTE WILLERMOZ
CARTA
2 DE 50
Comr Or
Calle Santa Cruz, cerca de Monnroie.
Aunque yo no sea conocido de usted, a
menudo he recibido señas de su amistad por el hermano de Grainville mi antiguo
camarada, a los que he sido muy sensible, digo mi antiguo camarada pues acabo,
desde hace poco, abandonar el servicio a fin de poder seguir mejor la carrera
que usted corre.
En N. D. G. A. D. L. Amén
Alegría, paz, salud y bendición a aquél que me
escucha. Amén.
Del Oriente de Bordeaux el año M.
3.3.3. del mundo 45, del renacimiento de las virtudes 2448, de la era hebraica
5731, del cap. 5. Vulg. 1771. 25 de marzo del citado año.
M.
P. Mtro.
(Muy
Poderoso Maestro)
Yo
no puedo ni condenar ni remediar las quejas repandidas en su carta del 15 de
marzo sobre los decaimientos que debe experimentar su Oriente. Yo me pongo en
el lugar de todos los hermanos que lo componen y su situación me parece tanto
menos extranjera que estando en la fuente de la luz resiento algunas veces más
rigurosas. Yo le exhorto y a usted también Muy Querido Hermano a no mirar ese
tiempo como perdido completamente. Es mucho mejor avanzar que sufrir; no hay
tribulaciones cuya justicia no nos toma en cuenta si somos bastante firmes para
penetrar hasta este germen de bien que todas ellas envuelven.
Sin
embargo, como yo quisiera que fuera en mí poder endulzar su tarea, yo le envío
la dirección del Maestro en Paris. El se hospeda en los Grandes Agustinos.
Puerta del Valle o en un hotel vecino cuyo nombre ignoro porque nosotros le
dirigimos todas nuestras cartas al Padre Fournié Agustín quién se las hace
llegar. Yo deseo de todo mi corazón que usted logre de él aclaraciones
satisfactorias sobre todo lo que usted pide tanto para vuestra instrucción
particular como para el avance de vuestros hijos y yo creo que, en efecto, una
conversación con él le será más ventajosa que lo que yo podría ser una larga
correspondencia. Si usted pudiera partir para Paris antes del 15 usted estaría
más seguro de encontrar allí al Maestro pues los asuntos que allí lo retienen
toman un vuelco favorable y quizás lo volvamos a ver más pronto de lo que
hayamos pensado; por otra parte será darle a usted mismo más tiempo para
avanzar vuestros asuntos a un lado. Creo muy inútil que usted le escriba antes
de su partida.
En
cuanto a la confianza que usted digna testimoniarse sin escrúpulos nuestro
pensamiento sobre nuestras ceremonias, no me correspondería visto vuestra
dignidad de hacer a ello ninguna observación y ante mi juicio yo debería más
bien escuchar y callarme. Sin embargo, las disposiciones puras que usted parece
aportar a la sabiduría me hacen presumir que usted me perdonará por adelantado
si yo oso unir algunas ideas a las vuestras. Yo no trato como usted más que
aclararme, me gusta como a usted hacer conocer a aquellos que creo susceptibles
de mi confianza lo que ocurre en mí, yo le pregunto, como se lo pregunto a
usted mismo, de corregirme si me desoriento, es con la sinceridad de las
circunstancias que me tomo la libertad de extenderme sobre el punto en
cuestión. Usted tiene razón de creer que
nuestra suerte depende de nuestras disposiciones naturales, tiene razón
aún en creer que el grado de R. + da al iniciado un carácter y nada es más
cierto que el perfecto acuerdo de estas dos cosas no deben tener un efecto real,
que se aumenta, sin dudas, con el tiempo por las instrucciones y por los
cuidados que cada uno puede aportar a ello.
Lo que le atormenta y le inquieta es que este efecto no hay aún sido
sensible para usted, lo que hace que vuestra persuasión no se sostiene aún sino
por la esperanza, sin que la convicción otorgue algún apoyo. ¿Cómo
tranquilizarse sin convencerle? ¿Cómo calmarle sin golpear vuestros ojos? Le
confieso que la empresa me parece lamentable. No encontraré fuerzas sino en mi
propia convicción. Creo M. P. M. que aún cuando creamos en las mejores
disposiciones que cuando todas las ceremonias son empleadas con más
regularidad, la cosa puede aún guardar su velo para nosotros tanto como le
agrada, ella se encuentra tampoco a la disposición del Or. que no puede nunca a
pesar de todos sus esfuerzos estar seguro de obtenerlo. El debe siempre
esperar, siempre rogar, he aquí nuestra condición. El espíritu sopla donde él
quiere, cuando quiere, sin que sepamos de donde viene ni adónde va. Usted
habría entonces tomado una idea contraria si usted hubiese pensado que las
ordenaciones y las ceremonias tuviesen un efecto tan infalible y tan rápido que
como aquél de las leyes de la naturaleza corporal; en este todo es pasivo en el
otro todo es libre ya que todo depende de los favores del espíritu. Sin embargo
la convicción que ha bien querido hacer con el Or., como lo he dicho, un poder
que no se puede negar cuando incluso no se lo sentiría.
Si
este poder no se manifiesta en con tiempo, es en otro; y además si él no opera
visiblemente por la visión, él opera obstante, infaliblemente como preservativo
y prepara la forma de aquel que se mantiene pero en recibir impresiones
salutarias, cuando el espíritu lo juzga a propósito. No atribuya entonces, se
lo ruego, la escases en que usted se encuentra ni a la falta de disposición de
su parte, ni a la invalidez de las ceremonias hasta que usted sepa
perfectamente que el hombre no puede nada, absolutamente nada. Cumpla siempre
todos nuestros esfuerzos en perseverar en la confianza, usted tiene más mérito
que todo otro ya que usted cree a ciegas, pero estará más que recompensado. Si
no fuera vuestro hermano, mi testimonio podría hacerlo sospechar, pero creo
debe exponerme incluso a vuestras sospechas para afirmar aún nuestra fe y para
probarle que el espíritu es absolutamente el Maestro. He sido persuadido de la
cosa antes de haber tenido los más poderosos de nuestras ordenaciones y yo
advierto que estas convicciones se perpetúan y se aumentan en proporción de mi
celo y de mi entereza, sin que tenga aún la felicidad de ser vestido del
carácter sagrado que usted lleva.
He
aquí muchas palabras, Muy Querido Maestro, que no le dará mi duda toda la
tranquilidad que yo desearía. Si yo no lo quisiera tanto fe y coraje, reiteraría
mis exhortaciones de mantenerle en el amor de la sabiduría y de la verdad;
usted sabe que encontrará allí al menos una paz interior que debe seguramente
al final hacerle obtener grandes felicidades. Puedo por otra parte
comprometerle en observar muy exactamente todo lo que le rodea y lo que golpea
vuestros sentidos de la vista y del oído, con la atención usted no se
encontraría quizás tan abandonado. No somos a menudo sordos y ciegos tanto como
para creernos serlo.
Lo
saludo M. P. M., por todos los nombres que le son conocidos y ruego al Eterno
que le cuide continuamente.
De
Saint Martin
NOTAS:
1.- En esta segunda carta, Saint-Martin reconoce
que aún no conoce en forma personal a Willermoz; pero claro, solo han
pasado 21 días desde el intercambio de correspondencias anterior, o sea, desde
la carta N° 1.
2.- Saint-Martin reconoce que ha dejado el
Regimiento de Foix hace poco tiempo (hace unos 10 o 15 días calculamos) para
dedicarse por completo a la obra de ser el secretario de Pasqually. No es
difícil imaginar su decisión, ya que en ese tiempo, cualquier actividad de
secretario y copista de rituales, catecismos e instrucciones, sumado a la obra
de Pasqually, requiere de mucho tiempo y dedicación exclusiva. Esto requiere de
un sueldo, el que se reconoce en la carta N° 1.
3.- Willermoz reconoce que en su oriente las cosas
no andan del todo bien al interior del Templo cohen en el que participa.
Saint-Martin anima a Willermoz señalándole que no se desanime, pues el tiempo
transcurrido en su esfuerzo, en justicia no se pierde.
4.- La mejor recomendación para Willermoz, es que
se comunique directamente con el Maestro, para lo cual le consigna la dirección
en la cual está hospedado Pasqually. Saint-Martin desea e insta que tenga un
encuentro personal con el Maestro y se le den las aclaraciones sobre las dudas
en cuanto al manejo de la instrucción para con los hermanos (que llama sus
hijos), como para su conocimiento particular. Le sugiere partir
a París antes del 15 de abril.
5.- Producto de la explicación anterior, nos aclara
que el Abate Fournié, aún después de haber dejado su trabajo de secretario del
Maestro, igualmente sigue cumpliendo funciones de enlace en la Orden.
6.- A estas alturas Willermoz,se encuentra muy
desilusionado, pues el ejercicio de las ceremonias cohens no le están dando el
resultado esperado. Saint-Martin prefiere guardar silencio sobre esto, porque
es al Maestro a quien corresponde darle las sugerencias e instrucciones.
Willermoz se está preguntando si en realidad cuenta con las condiciones
naturales para trabajar en el sistema y grado en el cual se encuentra. Aquí se
establece una gran verdad: “el grado de R + da al iniciado un carácter”, cosa
que en nuestros días está casi perdido.
Al parecer, Saint-Martin si tiene las condiciones
necesarias para el ceremonial que aflige a Willermoz, ya que se dispone a dar
opinión sobre el mismo, a tal punto que le señala: “vuestra persuasión no se
sostiene aún sino por la esperanza”; esto quiere decir que aún no logrando los
resultados esperados por el ejercicio de los ceremoniales, la esperanza sobre
ellos le permiten esperar en el futuro, un cambio en los resultados. Sin
embargo, se entre lee, que si lo invocado no decide abrir su “velo”, no lo
hará; hay que “esperar”, hay que “rogar”.
Aquí se le recuerdan a Willermoz las palabras
bíblicas: “ El espíritu sopla donde él quiere”, del evangelio de San Juan:
San Juan
capitulo 3
1 Había
entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
2
Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has
venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú
realizas si Dios no está con él.»
3 Jesús
le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no
puede ver el Reino de Dios.»
4 Dícele
Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez
en el seno de su madre y nacer?»
5 Respondió
Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no
puede entrar en el Reino de Dios.
6 Lo
nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.
7 No te
asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
8 El
viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a
dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»
9 Respondió
Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
10 Jesús
le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?
11 «En
verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos
testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.
12 Si al
deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del
cielo?
13 Nadie
ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14 Y como
Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo
del hombre,
15 para
que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16 Porque
tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en
él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque
Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el
mundo se salve por él.
18 El que cree
en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha
creído en el
Nombre del Hijo único de Dios.
19 Y el
juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque
sus obras eran malas.
20 Pues
todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean
censuradas sus obras.
21 Pero el
que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras
están hechas según Dios.»
Saint-Martin, nuevamente
lo conmina a que tenga paciencia, pues si no se manifiesta en un determinado
tiempo, se manifiesta en otro. Y le reconoce algo importante: “usted tiene más
mérito que todo otro, ya que usted cree a ciegas”.
7.- Es muy posible que Willermoz
estuviera consagrado en el grado de G. R. o sea, un grado por encima de
Saint-Martin, pues este dice: “sin que tenga aún la felicidad de ser vestido
del carácter sagrado que usted lleva”. Sin embargo, Saint-Martin está logrando
resultados de las iniciaciones y consagraciones recibidas, pues recomienda
finalmente a Willermoz atender a los conceptos de fe, coraje, amor, sabiduría y
verdad; resultado: paz interior y grandes felicidades.
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